11/09/2014

Eres lo que comes

"Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo" (Romanos 14:17)

Esta es una pequeña respuesta a la doctrina adventista de los alimentos, la cual sostiene la vigencia de las restricciones alimentarias del libro de Levítico y la prohibición del alcohol. Para ello he seguido la aparición del tema en la Biblia y su tiempo:



ALIMENTOS

Génesis:
1: 29, 30. En la Creación se indica como alimento toda PLANTA que da semilla, y todo árbol con fruto y semilla al hombre. A los animales, toda planta. De aquí que el consumo de otros semejantes no es admisible, implica muerte, que sólo es consecuencia del pecado (Rom. 5:12). La naturaleza era “buena en gran manera”. No cabe duda de que el equilibrio de entonces satisfacía los requerimientos alimentarios completamente.

3: 17, 18. Después del pecado el hombre no recibirá generoso su alimento de la naturaleza, que se le volverá hostil, y difícil. Aun trabajándola, no obtendrá fácilmente su alimento.

7 al 9. Relato del Diluvio anunciado y prevenido por Dios a Noé. En los diversos preparativos, se le indica cómo habrá de manejarse. Para las indicaciones que recibirá es bueno recordar:
- La permanencia en el arca será aproximadamente de un año: los 7 días primeros, adentro, sin lluvia, los 40 días de lluvia, el decrecimiento de las aguas y el reposo sobre el Ararat, el comienzo de la vista de las demás cimas, el envío en distinto tiempo del cuervo y la paloma, la apertura de la puerta, y el abandono final del arca.
- El cataclismo destruyó la naturaleza, extinguió especies, y revolvió la tierra (7:11). El reinicio de las plantas quedará limitada al resurgimiento de lo que hubiere quedado, el clima, y las posibilidades de cultivo.

9: 2 - 4. Después del Diluvio, a la familia humana se le anuncia que habrá temor del hombre en los animales, que le serán entregados en la mano. En el fango y el duro comienzo posterior, todo lo que se mueve o vive se vuelve lícitamente su alimento (animales, y plantas, en la lucha por su supervivencia). TODO puede ser comido, con UNA EXCEPCION: SANGRE. La razón de la excepción es anunciada: la vida es la sangre. Frase enigmática que recorrerá toda la Biblia, y que, inclusive, es usada en la sangre del Cordero de Dios, puede asimismo convivir con un fundamento científico: la sangre es el fluido que por excelencia contiene toda información, toda enfermedad, todo riesgo de contagio, todo peligro que un ser vivo representa.

Levítico:
11. En la múltiple legislación que Dios entrega a Moisés se encuentra la lista y el criterio general para determinar animales limpios e inmundos, aptos o no para el consumo. Asimismo, se encuentra una lista de exigencias higiénicas (vers. 24, 25, 31, 32, 36, 38, respecto de los animales para comer: 39, 40, etc.).

Mateo:
28: 19, 20. La muerte de Cristo, anunciada por el Antiguo Testamento, abre las puertas a “todas las naciones”, desde donde se afirmará: “ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gálatas 3: 28).

Hechos:
10. El relato del encuentro de Pedro y Cornelio (centurión romano, obviamente no judío) ha sido propuesto como ejemplo del levantamiento de las barreras alimentarias, y rebatido también por quienes entienden un exceso tal interpretación.
Cuenta la Biblia que Pedro, al tener hambre, y mientras le preparaban algo para comer, recibió en éxtasis una visión con un lienzo lleno de animales entendidos inmundos, con una voz que le ordenaba: “Levántate, Pedro, mata y come” (vers. 13). Ocurrió esto tres veces, negándose él, y era respondido por la voz con un “Lo que Dios limpió, no lo llames tú común” (vers. 15).
No entendiendo aun el significado, recibió la explicación al recibir a tres hombres (paganos) que lo buscaban, para ir con ellos a la casa de Cornelio, que lo aguardaba. Es entonces cuando él entiende el simbolismo y afirma  “sabéis cuán abominable es para un varón judío juntarse o acercarse a un extranjero; pero a mi me ha mostrado Dios que a ningún hombre llame común o inmundo” (vers. 28).
La refutación que se ha hecho para extraer de esto un concepto relacionado a los alimentos da cuenta de que esto era simbólico, nada más. A lo que puede agregarse un “y nada menos”.
Es evidente que el símbolo para servir de tal debe compartir necesariamente la característica que pretende revelar de lo simbolizado. No podría hallarse explicación a la ruptura de la exclusividad judía a favor del mundo todo, si no se entendiese que se gestaba asimismo todo el levantamiento de las leyes mosaicas de lo que dará cuenta el capítulo 15.

15. El hecho de reunirse en el cristianismo judíos y no judíos, siendo aquellos quienes traían la historia, el sentido, el marco de todo esto nuevo que se gestaba, generó problemas. El tema es conocido en el transcurso de los escritos del Nuevo Testamento como el pretender “judaizar” a los gentiles, llamándolos a cumplir con el ritual de la circuncisión primeramente (signo por excelencia de pertenencia al pueblo). El debate se vuelve “discusión y contienda no pequeña” (ver. 2), y deciden reunirse para tratar la cuestión.
De todo ello, queda planteado el tema a resolver en 15:5 “… circuncidarlos, y mandarles que guarden la ley de Moisés”.
Relata el texto que después de mucha discusión se levantó Pedro, y haciendo un relato de lo acontecido en los últimos tiempos, llamó a considerar la gracia de Dios. Hablaron Bernabé, Pablo y Jacobo quien propuso no se inquiete a los gentiles. Así, de aquel concilio, surgió enviar a algunos llevando un escrito donde se anuncia:
15: 24 “Por cuanto hemos oído que algunos que han salido de nosotros, a los cuales no dimos orden, os han inquietado con palabras, perturbando vuestras almas, mandando:
- circuncidaros y
- guardar la ley”
Habiendo entendido necesario comunicarles su parecer afirman:
15: 28 “Porque ha parecido bien:
- al  Espíritu Santo (nótese: intervención de la autoridad de Dios, hablando)
- y a nosotros
no imponeros ninguna otra carga más que estas cosas necesarias: que os abstengáis de
- lo sacrificado a ídolos
- de sangre
- de ahogado
- y de fornicación;
de las cuales cosas si os guardareis, bien haréis. Pasadlo bien”
Con todo lo anunciado el cristianismo no sigue rituales que eran signo judío, y que no por ello carecía de razones de higiene científica: No sólo los alimentos (por obvias razones de clima, desconocimiento de la pasteurización, formas de cocción y asepsia precarias), también la circuncisión, el comportamiento de la mujer menstruosa, o parturienta, el manejo de la lepra, la emisión del semen.
El cuidado del cuerpo no deja de ser reiterado en el Nuevo Testamento, y respecto de prácticas anteriores, también se puede afirmar:

Colosenses:
2: 16. “Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo” (Los días de reposo del sistema judío eran festividades que se sumaban en ocasiones distintas, pero con el mismo nombre al cuarto mandamiento de la ley de Dios).
2: 20 – 23. “… ¿por qué, como si vivieses en el mundo, os sometéis a preceptos tales como: No manejes, ni gustes, ni aun toques (en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres) cosas que todas se destruyen con el uso? Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne”. Destaca el apóstol que no se vuelven malas, pues tienen “a la verdad cierta reputación de sabiduría”, pero no son eficaces en la lucha contra el mal.

Romanos:
14: 1 – 3. “Recibid al débil en la fe, pero no para contender sobre opiniones. Porque uno cree que se ha de comer de todo; otro, que es débil, como legumbres. El que come, no menosprecie al que no come, y el que no come, no juzgue al que come…”
14: 5, 6. “Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente. El que hace caso del día, lo hace para el Señor; y el que no hace caso del día, para el Señor no lo hace. El que come, para el Señor come, porque da gracias a Dios; y el que no come, para el Señor no come, y da gracias a Dios.”
14: 14, 15. “Yo sé, y confío en el Señor Jesús, que nada es inmundo en sí mismo; mas para el que piensa que algo es inmundo, para él lo es. Pero si por causa de la comida tu hermano es contristado, ya no andas conforme al amor…”
14:17. “Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo, en el Espíritu Santo.”

Gálatas:
2: 11 – 21. Se relata el encuentro donde Pablo reprende a Pedro viviendo  una situación peculiar:
-          Pedro, antes de que viniesen algunos de parte de Jacobo (judíos), comía con los gentiles (… ¿qué?...)
-          Cuando llegaron se escondía, temiendo, y con él también otros judíos que habían hecho lo mismo, simulando no haberlo hecho.
Pablo toma a Pedro, lo reprende duramente, y le recuerda “si tú, siendo judío, vives como los gentiles, y no como judío, ¿por qué obligas a los gentiles a judaizar? (ver. 14)… si las cosas que destruí, las mismas vuelvo a edificar, transgresor me hago (ver 18)”. Con estas palabras Pablo le recuerda que, habiendo Pedro dejado las costumbres judías (correctamente, pues “ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino una nueva creación” Gal. 6: 15) al retomarlas por hipocresía frente a los suyos, se condenaba severamente.

1º de Timoteo:
4: 1 – 5. “Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe… por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia, prohibirán casarse ymandarán abstenerse de alimentos que Dios creó para que con acción de gracias participasen de ellos los creyentes y los que han conocido la verdad. Porque todo lo que Dios creó es bueno, y nada es de desecharse, si se toma con acción de gracias; porque por la palabra de Dios y por la oración es santificado.”

Otras consideraciones:

Reiteradamente se ha dicho que cuando Dios indicó qué animales debían comer los israelitas, lo hizo en la plenitud de su conocimiento respecto de las cualidades de esas carnes, y que en su sabiduría entregó conocimientos adelantados a su tiempo para las carnes. Esto es absolutamente compatible con la bondad y la omnisciencia de Dios.

Hay, sin embargo, una suma de detalles que se dejan de lado cuando se pretende sostener la vigencia de esa lista:

- Previamente fue el mismo Dios, con las mismas características de bondad y cuidado por sus hijos quien les indicó comer a Noé y sus hijos TODO, excepto sangre.

- Las carnes, las enfermedades de los animales, la conservación de los productos, el nivel de higiene, las condiciones climáticas, el estado físico, las actividades humanas son factores altamente determinantes en las calidades de los alimentos. La indicación de abstención aparece para el tiempo del Israel errante, y su asentamiento posterior.

- Una comprensión integral del tema es requerido en justicia al abordarlo, y no se puede dejar de considerar la Biblia en su mensaje completo. Ignorar el devenir del tema, y focalizarse en un aspecto de la ley de Moisés que fue dada como mandato en un tiempo y lugar concretos, sin explicaciones y solo enumerando “limpios” o “inmundos”, y pretender encontrar razones donde no fueron dadas para mantener el cuerpo legal que posteriormente es corrido por la misma palabra de Dios, es una exageración inadmisible.

En la actualidad, la diversidad de culturas en el mundo, la disparidad económica extrema y las difíciles condiciones de las mayorías para acceder a una alimentación plural, no permiten hablar de una dieta única. Por cada caso será necesario un enfoque respetuoso del hombre como criatura de Dios, y un obrar responsable del bien del otro en cuanto sea posible. Pero tal valoración debe hacerse atendiendo criterios que no se vistan de una falsa apariencia de autoridad moral, “hablando palabras infladas y vanas” (2º Pedro 2: 18).
  
ALCOHOL
  
Análisis

Con idéntico rigor debe analizarse el enfoque que en las Escrituras se hace del alcohol, sea hablando de vino, o de sidra. No hay texto que lo prohíba, sino aquellos que aconsejan la moderación, y el cuidado.

El vino de la época fue el que clásicamente se entiende como tal.

Los acontecimientos conocidos como las Bodas de Caná no permiten entender que lo que Jesús realizara fuese jugo de uva, pues se afirmó sin duda que era el mejor vino servido. Es indiscutible que en la historia se lo ha bebido como tal.

Quizá el planteo más importante se de en torno a la  Última Cena.

Muy a pesar de quienes pretender encontrar un simbolismo que la Biblia no propone en la figura del vino y su fermento, la misma fue celebrada con vino fermentado.

Tales conclusiones surgen a partir de considerar:

1) La levadura fue utilizada como figura no de pecado, ni de bien, sino de capacidad reproductiva, de posibilidad de crecimiento. Por ello es que tanto se habla de ella en el hacer de los líderes religiosos, afirmando Jesús “… Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos y de los saduceos… entendieron…. que se guardasen de la doctrina de los fariseos y de los saduceos” (Mateo 16: 6 – 12), indicando la capacidad de corromper, como la de gestar grandes cosas. Esta figura es utilizada por el Maestro en Mateo 13: 33 cuando compara nada más y nada menos que a su propio reino con la mentada levadura, afirmando “El reino de los cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer, y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo fue leudado”.

2) Según consta en 1º de Corintios 11: 17 – 22 Pablo reprende a la Iglesia por los abusos que los desorientan: comiendo como glotones, y bebiendo hasta emborracharse.  Es el abuso, no el uso, el que Pablo está condenando, y sin embargo, es imposible emborracharse sin beber vino, como jugo de uva fermentado. Si, además, hubiese sido el vino el mal escogido, con más razón hubiese Pablo destacado la ofensa que con ello se hacía.

Vale, asimismo, recordar que la transformación de azucares en alcohol es un proceso absolutamente natural en la uva, que aun en su forma de fruta, puede haber excedido el grado de madurez y haber avanzado tanto en ello que aun su propio sabor la delate.

El alcohol es, finalmente, un elemento útil para la desinfección y curiosamente aconsejado en 1º de Timoteo 5: 23: “Ya no bebas agua, sino usa de un poco de vino, por causa de tu estómago, y de tus frecuentes enfermedades”.

Reiterar que un poco de vino no es sinónimo de alcoholismo, ni borracheras censuradas por las Escrituras, tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo, parece a esta altura innecesario.





Libertos indignos

"Porque está escrito que Abraham tuvo dos hijos; uno de la esclava, el otro de la libre" (Gálatas 4:22)

La esclavitud y la libertad, expresadas en las Escrituras de modo particular, nos confunden y la confusión es río revuelto donde los pescadores se llevan las mejores piezas.

La radiografía bíblica del profundo ojo de Eterno denuncia la realidad: todos nacemos esclavos, sujetos sin chances propias a las reglas de la verdad humana, a la realidad histórica de las variables individuales donde la contingencia y la necesidad juegan bajo las predecibles normas de la más compleja e inexplorada psicología. 

En un acto supremo de adopción el Padre llama a ser familia a individuos. El hijo pródigo vuelve al hogar, al esclavo se le quita el yugo y se le otorga libertad.

Aquí es donde empieza la vida, no donde acaba. Y aquí es donde las religiones hacen agua. Bajo la bandera de la libertad vendida en el discurso militante, en la publicidad callejera y en estudios con catecúmenos, saben menos de ella en plenitud que antes y agonizan bajo sus propias reglas de conservación del grupo.

El hijo mayor de la parábola no recuerda que no necesita permiso para divertirse, no entiende porqué se le hace fiesta al transgresor que vuelve, porqué se le pone anillo y ropas finas al hermano que lo gastó todo y viene a buscar buena comida, porqué no se le hace pagar el derroche, porqué se le regala vida. Se le escapa la verdad de la familia y no quiere festejar (Lucas 15).

La libertad. La capacidad de elegir sin determinación externa. Los religiosos se llenan las bocas diciendo que hay que preguntarle al Altísimo los planes que tiene para cada uno. Que es bueno inquirir los caminos que Dios trazó como ideales para la vida cotidiana y recibir de Él la respuesta a si ir o venir, dormir o trabajar, ponerse de novio con alguien o esperar otra cosa, sembrar tomates o invertir en árboles.

Se equivocan.

Yerran al predicar que Dios toma las decisiones de sus hijos. Dios las observa mas no las dicta. Dios bendice la libertad que Él mismo regala llamando a sus hijos, hijos, para que olviden la mentalidad de siervos. El hijo recibe aliento susurrado a su propio espíritu de que es hijo (Romanos 8:16), confesiones privadas del Espíritu hablando a su alma reconfortándolo en la adopción, saneándolo. Puede hacer lo que quiera. Los lineamientos de Dios son amarlo a Él por sobre todas las cosas, y al prójimo como a sí mismo (Mateo 10: 27). Mientras que en el mundo plural de posibilidades se guarden esas dos cosas, todo lo demás es libertad que se derrama, el mismo derecho de tomar lo uno o lo otro a gusto, como los frutos del Edén.

"... La verdad os hará libres" (Juan 8:32). ¿Libres de qué?, preguntan los religiosos, queriendo darse pie a una respuesta sola: del pecado. Claro que libera del pecado. Del pecado pasado que asoló las vidas individuales y arruinó momentos y el destino de todos y cada uno. También del pecado actual, propio y de los otros que, llenos de avaricia e inteligente maldad, invocan al Padre como profetas de su nombre y llenan de reglas, meditaciones, y conclusiones a los más débiles. También del pecado de los líderes que manejan a las masas para el cumplimiento de sus objetivos. El que es libre, lo es de todo, no solo de algo.

Algunos curvan sus comisuras e inquieren: "¿libres para qué?": Para lo que quieras, responde Agustín de Hipona. ¿En serio? Sí, en serio, eso es libertad. Y asustados, señalan "no es lo mismo libertad que libertinaje", de modo que construyen una explicación de que la libertad es "libertad para algo" lo cual es comisión mas no libertad. Vértigo. Se siente vértigo. ¿Lanzados al mundo y poder ir a cualquier lado, de cualquier manera, así?. De nuevo, "...no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: Abba, Padre!" (Romanos 8: 15). 

Los religiosos gobiernan a los débiles. Los cuidan, llevan y traen como borregos y muchos pronto caen en la tentación de sentirse pastores del redil siendo apenas ovejas viejas. Dicen traer consigo el mensaje de Dios y se promocionan como voceros de Aquel que nunca se los ordenó individualmente, sosteniendo conclusiones de sus propias mentes carnales.

Pero la libertad es esa que se huele en las acciones de sus hijos, esa extraña grandeza que despierta envidias, esa que se compara en el decir del Maestro a Nicodemo al "viento (que) sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu" (Juan 3:8), esa que parece vergonzosamente una fiesta de comilones y borrachos a los prolijos ojos del protocolo legal (Marcos 2:16, Mateo 11:19). Una vida que es fiesta de hijo, no de siervo.

Dios no regala una vida hecha. Regala la libertad para hacerla. 

"...Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas" (Lucas 15: 31).





28/07/2014

Manos que mecen cunas

Mujeres. 

Llenas o vacías de derechos y responsabilidades, la historia de la humanidad da cuenta de los lugares en los que han estado como engranajes de un sistema mayor y social, su equiparación al hombre cada vez es más plena y nadie niega que sea un hecho en el mundo occidental. Donde no hay acuerdo es en los sentimientos que despierta.

Pregunta de rigor: ¿qué pensar acerca de la ordenación de la mujer? Corresponde considerar los dos temas, la ordenación y la mujer.

ORDENACIÓN. El acto de ordenar requiere de quien confiere órdenes como de quien las recibe para el cumplimiento de un mandato sagrado. En el AT el llamado es claro: sacerdotes de la tribu de Leví, consagrados por medio de Moisés, para el servicio del tabernáculo y luego el templo de Jerusalén. El sistema sacerdotal esperaba en el tiempo que el símbolo desde la caída encontrase plena expresión en la redención venidera, y como la realidad local no alcanza a la espiritual, deben usarse muchas figuras para una sola realidad. 

¿Dónde está Jesús en ello? Es el Cordero que derrama su sangre (Jn. 1:29) y es el sacerdote que sacrifica (Heb. 4: 14), de modo que es el que mata y la víctima a la vez (Jn. 10:18). 

En el NT toda la ceremonia es cumplida, y en la muerte de Jesús "el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron" (Mateo 27: 51) innegable mensaje de que el mismo cielo terminaba con el sistema. Habiéndose cumplido el símbolo, y hasta su segunda venida, los suyos lo recordarán a través de la Santa Cena, cuando su carne y su sangre ya habrán sido partidas y derramadas. 

El valor espiritual de esto ha dividido, en la historia, al catolicismo y al protestantismo. En el actual estado de cosas, el catolicismo sostiene la transubstanciación como dogma de fe, esto es que por la palabra de invocación del sacerdote, el pan y el vino se transforman esencialmente en la substancia misma de Jesús (realmente carne y sangre de Cristo) conservando los accidentes de esta realidad (colores, sabores de pan y vino). La intervención del sacerdote es operante en la consagración para que se produzca tal transformación. El valor del sacerdote es acorde a la función piramidal de autoridad del sucesor de Pedro como representante de Dios en la tierra. Un nuevo sistema sacerdotal de mediación entre Dios y los hombres.

En el protestantismo se han rechazado ambas ideas. El entender el pan y el vino como reales carne y sangre de Cristo es acusado de ser una más de las desviaciones casi mágicas a las que el catolicismo acude a veces (sobrestimando el símbolo que es como una bandera para una nación, no es "la" nación, solo la representa). También el marco general del pueblo de Dios. Ya no hay mediadores, ya no hay representantes. Hay un pueblo de iguales "... venida la fe, ya no estamos bajo ayo, pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús"  (Gál. 3: 25-28) sin autoridad humana, queda uno solo ante quien rendirse espiritualmente: "...un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre" (1 Tim. 2:5). El término sacerdote es reservado a la función de Jesús y con suerte y buenos modales a los líderes religiosos se los llama pastores, aunque la reincidente pereza de los miembros tiende a poner en ellos la tarea intelectual de sentar bases y casi dictarlas.

MUJER. No se desconoce el lugar inferior que tuvo en la antigüedad en su relación con el hombre, pues aun en las más generosas consideraciones de los porqués que incluyen desde la idea de protección hasta de sagrada misión, nadie sostiene seriamente que haya estado en paridad. 

El Génesis tiene una explicación: el pecado. Creados el hombre y la mujer como dos que son el uno para el otro, Eva ofrece a Adán del fruto y ambos comen. La hora de la expulsión llega, y con ella, las sentencias individuales para esta nueva realidad de pecado: La serpiente gana una batalla mas perderá la guerra, pues la descendencia de la mujer (si de ella empezó, de ella vendrá la solución) aplastará su cabeza; el hombre no estará más reconciliado con la naturaleza, esta le será hostil, y a la mujer sentencia a dar a luz con dolores (cada vida será a partir del dolor) y será sometida por el hombre (Gen. 3:16). La inferioridad de funciones es constante recordativo del pecado, del gran lío en el que metió a la humanidad, es sello del mal que siglo a siglo llevará hasta que el Redentor nazca y aplaste la cabeza del autor del mal y tenga en su mano el restituir el orden celestial de almas libres.

Jesús fue un revolucionario que no alcanzamos a vislumbrar desde la comodidad de nuestras sillas de invierno en el siglo XXI. Moviéndose en una cultura judía, de líderes religiosos poderosos en las mentes y amigos del imperio romano opresor que daba un marco legal de relaciones sociales, el Maestro tenía tal extraña libertad de movimientos que era acusado de ser amigo de las prostitutas, acusación que él no tuvo vergüenza de redimensionar (Mat. 21: 31, "en verdad os digo que los recaudadores de impuestos y las rameras entran en el reino de Dios antes que vosotros", Juan 8: 1-11 y la defensa de la mujer adúltera). Él mismo vino a romper el poder del mal en su muerte y por ello, las primicias, los primeros sabores del bien, las primeras muestras de su obra: la resurrección de algunos santos pues es autor de la vida (Mat. 27: 52, 53), y la liberación anunciada primeramente a las mujeres que caen al suelo a abrazar sus pies, esos heridos por la serpiente que termina aplastada, y lo adoran y Él les quita el temor comisionándolas a convencer a sus hermanos (Mat. 28: 9, 10). 

La iglesia primitiva, llamados todos a una igualdad de trato donde no hay distingo de "varón ni mujer" (Gál. 3:28), una realidad espiritual única y elevadora sobre las jerarquizadas y caprichosas estructuras sociales, cuerpo de diferentes miembros y a la cabeza solo Dios, una realidad espiritual de sublime "libertad con que Cristo nos hizo libres" (Gál. 5:1) para elegir los múltiples caminos del bien que son bendecidos por el Padre cuando no son contrarios a su voluntad, esta iglesia revolucionaria estaba dispersa en rincones del imperio romano. 

Allí es donde Pablo ofrece su mejor consejo. En la oración de Jesús que pidió "no ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal" (Jn. 17:15) se expresa la doble realidad de los suyos, aquella que el apóstol aconseja cuidar cuando sostiene la necesidad de atenerse a los cánones políticos y culturales (Rom. 13). Alguna vez, incluso, en el delicado asunto de solteros, casados, el evangelio y los tiempos que se le dedican, explica posiciones personales entre mandatos de Dios, y oscila entre un "mando, no yo, sino el Señor" para afirmar que habla a veces recordando la mismísima Palabra de Dios, y un "yo digo, no el Señor" como opinión personal que funda diciendo "pienso que también yo tengo el Espíritu de Dios" haciendo de sus elucubraciones la confesión de una sana intención de pensar bien (1 Cor. 7: 10, 12, 30). 

La mujer, en sus cartas respecto del desempeño en la iglesia, tiene un lugar residual al marido, donde aprende en silencio y no cuestiona al hombre (1 Tim. 2), es discreta y no va contra el orden romano, pero en la estricta realidad espiritual, en la intimidad más profunda, hombres y mujeres se someten unos a otros en figuras de amor, pertenencia y respeto sublimes (Ef. 5). Y Pablo sabe que esto no es fácil pues la mujer ya ha sido dignificada por el Maestro en la nueva bendita realidad del evangelio, y lo pide como consejero que habla de sí con expresiones como "quiero (yo)..." (vers. 8), "no permito (yo)..." (vers. 12).

Nosotros. Nosotros tenemos y somos un problema. Hombres y mujeres, torpes, malintencionados, perversos o astutos. ¡Cuánta argumentación católica en algunos lugares adventistas al hablar de la mujer en la iglesia y no reconocer en ella a un igual!, argumentos de barricadas cambiadas.

 A nosotros nos cabe:

"... debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido. Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal". (Heb. 5: 12-14)


27/07/2014

Rebaños y Galileos

"...él les refirió esta parábola, diciendo: ¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso; y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido."  (Lucas 15: 3-6)


El cuadro es usual en los hogares creyentes: la oveja en brazos del pastor, rescatada, que vuelve a las 99 seguras. La parábola está registrada en el Evangelio de Lucas y ha dado pie a miles de poemas, cuadros y reflexiones.

La pertenencia al rebaño es la identidad colectiva. Se es manada de este o aquel grupo, por asociación o exclusión, por elección o por decantación. Nos identificamos con ideas mayores al amparo de lo que ya se ha definido. Cristianos, ateos, agnósticos. Ramas conservadoras o revolucionarias. Esta pertenencia ahorra esfuerzos para tomar decisiones a cada paso y para explicarlos. La automatización de los pequeños actos pone a la vida en una constante más o menos coherente y todo funciona según los modelos mayores. La docencia de los líderes hacia los miembros conserva el orden y la vida del grupo.

A pesar de la romántica prédica a los soñadores de las masas instándolos a fortalecer las virtudes, el cuestionamiento de las bases no es bienvenido en ningún círculo. Los que se salen de los moldes deben dar cuenta de las razones propias y las ajenas al discutirlas. La integridad del rebaño ofrece resistencia y el individuo es puesto a prueba.

No son siempre sus argumentos -los del rebelde- los que caen. Cae la resistencia. La soledad del que osó ser original es a veces insufrible y se desdice. Galileo abjuraba de su teoría del sol y se desgarraba en un "eppur si muove" (sin embargo se mueve) mientras se levantaba en la historia de la humanidad un monolito a la vergüenza. Importó que el genio renegara de sus palabras aunque su alma siguiera pensándolas. La generación del astrónomo no vio más que su derrota. 

Terminando el siglo XX, el papa Juan Pablo II pidió perdón por los errores de los hombres de la Iglesia en la historia. Por Galileo propuso una revisión en 1979, pero la comisión (nombrada en 1981 y que concluyó sus trabajos en 1992) afirmó una vez más que Galileo carecía de argumentos científicos para demostrar el heliocentrismo y reafirmó la inocencia de la Iglesia como institución. Se insistió en la obligación de Galileo de prestarle obediencia y reconocer el magisterio eclesiástico, justificando la condena y evitando darle plena razón. El propio Ratzinger (luego Papa Benedicto XVI), el 15 de febrero de 1990 en la Universidad Romana de La Sapienza, hizo suyas las palabras de Paul Feyerabend: "La Iglesia de la época de Galileo se atenía más estrictamente a la razón que el propio Galileo, y tomaba en consideración también las consecuencias éticas y sociales de la doctrina galileana. Su sentencia contra Galileo fue razonable y justa, y sólo por motivos de oportunismo político se legitima su revisión".

El 2009 fue declarado Año Internacional de la Astronomía y el Vaticano ofreció una misa en su honor y se organizó un congreso internacional sobre Galileo Galilei. La Iglesia aceptó el legado del astrónomo pero siguió justificando sus actos con un inadmisible aroma de orgullo.

Eso es una manada: la renuncia a la autodeterminación, la entrega de los propios actos a la moral de terceros. 

Me pregunto qué quiso decir el Maestro con la parábola de la oveja perdida que el pastor busca hasta hallarla y por la que se alegra con los vecinos, y que tanta letra dio al gozo del arrepentimiento.

Quiero creer en un Dios que no usa a las 99 buscando a la perdida, que las deja y se las arregla él solo en un mano a mano. En un Dios que no usa el poder de la manada y se muestra en la inmensidad del espacio donde el que lo busca está.

Que las ovejas, a fin de cuentas, no conocen el camino. Tampoco las 99.


Qumrán

"Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma..." (Jer. 6: 16)

Un valle seco cercano al Mar Muerto esperaba en silencio. En su seno, escritos antiguos, por siglos guardados, deteniendo el paso del tiempo en las arenas de los relojes que los corroían, rollos de pergamino. Desde aquella vez en que manos anónimas de algunos judíos, esenios, protegieron los manuscritos en las cuevas, ¿cuánto pasó hasta que el último de ellos murió y, con él, la memoria de los registros? 

Después de Jesús, sus discípulos expandieron el cristianismo, quebrado luego por el gran cisma del siglo XI que separó definitivamente a los ortodoxos de oriente por un lado y a los católicos romanos por otro, la pérdida de territorio caro a la historia en manos musulmanas y un nuevo cisma en el siglo XVI con el movimiento protestante, y en el seno de éste, el surgimiento de denominaciones internas que ya reniegan de su propia historia. Todos reclaman ser los claros tenedores del Espíritu, dueños de la verdad legitimante para llamarse pueblo de Dios.

En el silencio del desierto, los escritos antiguos salen a la luz por manos de beduinos que los encuentran persiguiendo una cabra y los venden en el mercado en partes hasta despertar la pasión de los que gustan de las raíces arqueológicas en la teología de argumentos.

Son escritos antiguos, algunos de ellos son testimonios de partes de las Escrituras que oxigenan las discusiones acerca de las versiones primeras de la Biblia y sus palabras originarias. Yo estoy lejos de ellos. No llego a estas fuentes sino por caminos prestados, socorro de diccionarios, traductores gentiles o no, historiadores y teólogos.

Sin embargo gusto de anotar mi Biblia. Gusto de hacerla mía y recordar en qué columna se expresa tal o cual pensamiento. Es mi Qumrán personal. En ella vuelvo a mis raíces, a las historias que escuché en mi niñez, a los temores que conocí, a las dudas que me agobiaron, a las preguntas que tuve derecho a hacer y no fueron respondidas. 

En ella vuelvo a buscar al autor de los autores, a aquel que con los años invitó siempre a volver a las raíces.
Y las raíces siempre han sido las mismas:

" Porque este mandamiento que yo te ordeno hoy no es demasiado difícil para ti, ni está lejos. No está en el cielo, para que digas: ¿Quién subirá por nosotros al cielo, y nos lo traerá y nos lo hará oír para que lo cumplamos? Ni está al otro lado del mar, para que digas: ¿Quién pasará por nosotros el mar, para que nos lo traiga y nos lo haga oír, a fin de que lo cumplamos? Porque muy cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón, para que la cumplas." (Deut. 30: 11-14)