27/07/2014

Qumrán

"Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma..." (Jer. 6: 16)

Un valle seco cercano al Mar Muerto esperaba en silencio. En su seno, escritos antiguos, por siglos guardados, deteniendo el paso del tiempo en las arenas de los relojes que los corroían, rollos de pergamino. Desde aquella vez en que manos anónimas de algunos judíos, esenios, protegieron los manuscritos en las cuevas, ¿cuánto pasó hasta que el último de ellos murió y, con él, la memoria de los registros? 

Después de Jesús, sus discípulos expandieron el cristianismo, quebrado luego por el gran cisma del siglo XI que separó definitivamente a los ortodoxos de oriente por un lado y a los católicos romanos por otro, la pérdida de territorio caro a la historia en manos musulmanas y un nuevo cisma en el siglo XVI con el movimiento protestante, y en el seno de éste, el surgimiento de denominaciones internas que ya reniegan de su propia historia. Todos reclaman ser los claros tenedores del Espíritu, dueños de la verdad legitimante para llamarse pueblo de Dios.

En el silencio del desierto, los escritos antiguos salen a la luz por manos de beduinos que los encuentran persiguiendo una cabra y los venden en el mercado en partes hasta despertar la pasión de los que gustan de las raíces arqueológicas en la teología de argumentos.

Son escritos antiguos, algunos de ellos son testimonios de partes de las Escrituras que oxigenan las discusiones acerca de las versiones primeras de la Biblia y sus palabras originarias. Yo estoy lejos de ellos. No llego a estas fuentes sino por caminos prestados, socorro de diccionarios, traductores gentiles o no, historiadores y teólogos.

Sin embargo gusto de anotar mi Biblia. Gusto de hacerla mía y recordar en qué columna se expresa tal o cual pensamiento. Es mi Qumrán personal. En ella vuelvo a mis raíces, a las historias que escuché en mi niñez, a los temores que conocí, a las dudas que me agobiaron, a las preguntas que tuve derecho a hacer y no fueron respondidas. 

En ella vuelvo a buscar al autor de los autores, a aquel que con los años invitó siempre a volver a las raíces.
Y las raíces siempre han sido las mismas:

" Porque este mandamiento que yo te ordeno hoy no es demasiado difícil para ti, ni está lejos. No está en el cielo, para que digas: ¿Quién subirá por nosotros al cielo, y nos lo traerá y nos lo hará oír para que lo cumplamos? Ni está al otro lado del mar, para que digas: ¿Quién pasará por nosotros el mar, para que nos lo traiga y nos lo haga oír, a fin de que lo cumplamos? Porque muy cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón, para que la cumplas." (Deut. 30: 11-14)



2 comentarios:

  1. Anónimo3/8/14 19:52

    ...una especie de "diario íntimo" entre Dios y vos.....creo q todos necesitamos nuestro Qumran

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  2. Algún día haré tuyo todo aquello que no me es dado revelar, hasta tanto puedes seguir con él, vas por buen camino.

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