La Biblia no es solo un libro antiguo. Es el lugar donde se encuentra la tensión entre lo divino y lo humano: Dios como autor principal y hombres concretos como autores inspirados. Este artículo explora qué significa que la Escritura esté inspirada, cómo se formó el canon que hoy leemos y por qué católicos, protestantes, ortodoxos, adventistas y otras tradiciones la entienden de manera distinta. Una invitación a investigar con rigor y tomar posición informada.
“Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino” (Salmos 119:105). [1]
La Biblia es la colección de escritos que las distintas tradiciones cristianas reconocen como inspirados por Dios. La cuestión central que determina su autoridad no es solo su antigüedad o influencia cultural, sino precisamente qué significa que sea inspirada y, por tanto, en qué sentido y hasta qué punto constituye Palabra de Dios con autoridad para la fe y la vida cristiana. Esta cuestión se entrelaza inseparablemente con otra: la formación del canon, es decir, cómo se decidió qué libros forman parte de la Escritura. Ambas realidades —inspiración y canon— han sido comprendidas de manera diferente a lo largo de la historia según las tradiciones cristianas.
La Iglesia católica confiesa que Dios es el autor principal de la Sagrada Escritura. La Constitución dogmática Dei Verbum del Concilio Vaticano II (1965) lo expresa con claridad: “en la redacción de los libros sagrados, Dios eligió a hombres, que utilizó usando de sus propias facultades y medios, de forma que obrando Él en ellos y por ellos, escribieron, como verdaderos autores, todo y sólo aquello que Él quería”[2]. . La inspiración no anula la personalidad, el estilo ni la cultura de los autores humanos, sino que los mueve interiormente para transmitir fielmente el mensaje salvífico. El Concilio Vaticano II utiliza el término infalibilidad para referirse a que la Biblia no falla en su propósito de transmitir la verdad necesaria para la salvación.
En el ámbito protestante evangélico, la postura más extendida es la inspiración verbal plenaria. B.B. Warfield afirmaba que toda la Escritura es inspirada en sus mismas palabras, basándose especialmente en 2 Timoteo 3:16, donde el término griego theopneustos significa literalmente “exhalada por Dios” [3]. Esta visión suele ir acompañada de la doctrina de la inerrancia, es decir, la ausencia de error en todo lo que la Biblia afirma (incluyendo aspectos históricos y científicos en sus afirmaciones originales).
En la tradición adventista del séptimo día, Ellen G. White rechazó explícitamente la inspiración verbal dictada o mecánica. En 1886 escribió: “No son las palabras de la Biblia las que están inspiradas, sino los hombres que fueron inspirados. La inspiración no actúa sobre las palabras del hombre ni sobre sus expresiones, sino sobre el hombre mismo” [4]. Los adventistas sostienen una inspiración plena, pero rechazan la inerrancia absoluta en detalles no relacionados con la salvación.
Los Testigos de Jehová aceptan el canon protestante de 66 libros y creen que toda la Biblia es inspirada por Dios. Ven la inspiración como una acción del Espíritu Santo que guió a los escritores, pero insisten en que Jehová supervisó personalmente la preservación y el canon. La autoridad final de interpretación reside en su “Cuerpo Gobernante”, que provee la guía oficial para entender la Escritura como un “libro organizacional” [5].
La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días afirma que la Biblia es “la palabra de Dios en la medida en que esté traducida correctamente”[6]. Reconocen que ha sufrido pérdidas de “cosas llanas y preciosas”, por lo que la complementan con el Libro de Mormón y otras revelaciones.
Desde la crítica bíblica académica, autores como Rudolf Bultmann (con su programa de “desmitologización”) y Bart D. Ehrman ven la Biblia como un conjunto de documentos humanos, producto de sus contextos históricos y teológicos. Hablan de “inspiración” solo en sentido amplio (experiencia religiosa), pero rechazan la inspiración divina sobrenatural y la inerrancia [7].
La Iglesia Ortodoxa comparte con los católicos una visión sinergética de la inspiración (Dios y el autor humano actuando juntos), pero con un énfasis mayor en la liturgia como lugar privilegiado de validación y vivencia de la Escritura. Su canon del Antiguo Testamento es aún más amplio que el católico: incluye los deuterocanónicos católicos más libros como 3 Macabeos, el Salmo 151, la Oración de Manasés y, en algunas tradiciones, 1 Esdras (3 Esdras)[8] .
El canon no surgió de una decisión repentina. En el judaísmo, el cierre del canon hebreo se asocia históricamente con el llamado Concilio de Jamnia (Yavne, finales del siglo I d.C.), donde el judaísmo rabínico habría confirmado el canon más estricto, excluyendo libros escritos originalmente en griego o de fecha tardía. Aunque su alcance real es debatido por los eruditos modernos, influyó en la decisión de los reformadores protestantes.
Los primeros cristianos utilizaron principalmente la Septuaginta, que incluía los libros que los católicos llaman deuterocanónicos y los protestantes suelen denominar apócrifos. Para el Nuevo Testamento, la Iglesia primitiva aplicó criterios como:
Apostolicidad: escrito por un apóstol o colaborador directo.
Ortodoxia: conformidad con la “regla de fe” (regula fidei).
Catolicidad: uso generalizado en las liturgias de las iglesias principales.
Concilios locales como Hipona (393) y Cartago (397/419) fijaron la lista de 73 libros [8].
En el siglo XVI, Martín Lutero optó por el canon hebreo más estricto y relegó los deuterocanónicos a un apéndice (“apócrifos”). El Concilio de Trento (1546) definió dogmáticamente el canon católico de 73 libros[9].
La sola Scriptura afirma que la Escritura es la única regla infalible de fe y práctica. Sin embargo, depende de una “puerta de entrada” previa: el canon, que no fue definido por la Escritura sola. Como dijo San Agustín: “Yo no creería en el Evangelio si no me moviera a ello la autoridad de la Iglesia Católica” [10] .
La comprensión de la inspiración y del canon revela que la autoridad de la Biblia no es un dato evidente por sí mismo, sino el fruto de un proceso histórico en el que convergen la acción de Dios y la respuesta de la comunidad creyente. Estas diferencias invitan a investigar con rigor las fuentes históricas, las declaraciones oficiales de cada tradición y los escritos de sus principales autores. Solo así es posible tomar posición de manera informada y discernir con mayor claridad el lugar que ocupa la Biblia en la vida de fe.
[1] Salmos 119:105 – Reina-Valera 1960. https://www.biblegateway.com/passage/?search=Salmos+119%3A105&version=RVR1960
[2] Concilio Vaticano II, Constitución dogmática Dei Verbum, n. 11 (1965). https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19651118_dei-verbum_sp.html
[3] B.B. Warfield, The Inspiration and Authority of the Bible (1948). Versión PDF disponible en: https://www.monergism.com/thethreshold/sdg/warfield/The_Inspiration_and_Authority_o_-_B_B_Warfield.pdf
[4] Ellen G. White, Manuscript 24, 1886. Texto disponible en el archivo oficial EGW Writings: https://egwwritings.org/
[5] Publicaciones oficiales de los Testigos de Jehová – “Inspiración” en Insight on the Scriptures. https://www.jw.org/es/biblioteca/libros/Perspicacia-para-comprender-las-Escrituras/Inspiraci%C3%B3n/
[6] Artículos de Fe de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, n. 8. Texto oficial en español: https://www.churchofjesuschrist.org/bc/content/shared/content/spanish/pdf/language-materials/64370_spa.pdf
[7] Bart D. Ehrman y Rudolf Bultmann (representantes de la crítica histórico-crítica). Para Ehrman, ver obras como Lost Christianities y sus cursos sobre el canon del Nuevo Testamento (disponibles en su blog y libros). Ejemplo de recurso: https://ehrmanblog.org/the-canon-of-the-new-testament-why-it-matters/
[8] Concilios de Hipona (393) y Cartago (397/419). https://es.wikipedia.org/wiki/Concilio_de_Cartago_(397)
[9] Concilio de Trento, Sesión IV (8 de abril de 1546). Texto del decreto: https://rsanzcarrera2.wordpress.com/2007/05/28/concilio-de-trento-sesion-iv-8-de-abril-de-1546/
[10] San Agustín, Contra epistulam Manichaei quam vocant fundamenti, 5. Texto latino completo: https://www.augustinus.it/latino/contro_lettera_mani/index.htm (Traducción al español disponible en ediciones de las Obras Completas de San Agustín, Biblioteca de Autores Cristianos – BAC).
De la Tradición Oral a los Concilios: Un recorrido histórico desde la memoria del pueblo de Israel hasta la lista definitiva de los libros del Nuevo Testamento